En 2014, organizadores y voluntarixs de la Asociación del Vecindario Lyndale (LNA) reunió a un grupo de 20 inquilinxs latinxs (el X está abierta a todos géneros e identidades) en una iglesia pequeña en el vecindario de Lyndale para hablar de sus problemas de vivienda. Los inquilinxs pasaron horas compartiendo abusos diarios causados por los dueños y compañías de manejo de sus edificios. Al final, se les hizo claro a los inquilinxs que necesitaban mejores condiciones y más respeto.

Los organizadores de LNA empezaron a organizar reuniones de inquilinxs semanales, que sirvieron de dos propósitos. Primero, eran una oportunidad para los inquilinos de contar y recontar sus historias. Durante muchas semanas, los inquilinxs aclararon el trauma que habían sufrido en una narrativa comunal. Una historia en la cual habían luchado solxs contra un sistema injusto de vivienda. Así empezaron a dejar su miedo y agarrar fuerza de la experiencia compartida. Segundo, las reuniones eran la plataforma para organizar esa lucha, un lugar donde los inquilinxs diseñaron las soluciones a sus problemas en común. Por medio de demostraciones colectivas (como visitas a la oficina de manejo en grupo) los inquilinxs llevaron a cabo sus soluciones.

Inmediatamente, los inquilinxs y los organizadores empezaron a ver victorias concretas: se consiguieron reparaciones, se terminó la intimidación, las inspecciones de la ciudad se hicieron más pronto, los lugares comunales de los edificios se abrieron hacia ellos, se pararon los desalojos injustos y el miedo al dueño desapareció. Un año después, en el 2015, el grupo organizó una asociación de 20 inquilinos para demandar al dueño. El dueño había violado gravemente la ley federal de 1968 contra la discriminación de vivienda en la cual era un trato preferido a los blancos sobre los latinxs. A causa del trabajo que había realizado los inquilinxs tenían prueba de ello.

Los inquilinxs habían construido el poder de determinar cómo vivían, pero ahora podían ver fuera de su propia lucha: el costo y las condiciones de la vivienda de alquiler de Minneapolis no es aceptable. La financiación insuficiente de Minneapolis que permite a los propietarios hacer grandes ganancias fuera de un estándar ético de vivienda. La falta de fondos estatales y federales para la vivienda económica ha provocado que el mercado sea totalmente determinado por los propietarios. Adicionalmente, hay poca protección legal para los inquilinos que propugnan por su derecho de vivienda decente. Mientras hay varios programas de ayuda de atención al inquilinx en Minneapolis, estan fuertemente basado en los servicios. Ninguno de esos programas construye el poder con los inquilinxs, desde abajo, que es sumamente importante para luchar contra el abuso. Los desalojos injustos, depositos de seguridad robadas, infestaciones y viviendas descuidadas son una realidad cotidiana de miles de familias en nuestra ciudad. Estos problemas no son individualmente casos aislados, pero cuestiones sistémicas más grandes que unen a todos los inquilinxs de Minneapolis. Es por esa razón que Inquilinxs Unidxs Por Justicia nació como organización de inquilinxs para inquilinxs.

Las funciones urbanas, obviamente, son sitios importantes de la lucha política y la rebeldía. Las características reales del sitio son significativos y la reorganización de tales son un arma en dichas luchas.